
Estaba claro que no.
Estaba oscuro.
No pudo ser.
Ni Atticus (que era un gato) ni ático (que era un sueño).
De nada sirve pensar. Porque pensar agota y no adelgaza. Sólo el cerebro. Y algunos vivimos de pensar, supongo.
No le des más vueltas.
Las canciones son infernales de repente, sobre todo tres de La Habitación Roja que taladran el alma en bucle.
Te quiero.
Mi habitación
¿Y?
Así se llaman las canciones que digo y las tres deberían estar prohibidas. La censura en los tiempos del cólera.
No es cólera, me he equivocado.
No es ira, me he adelantado.
Es Shakespeare, que se inventó tragedias para que luego las claváramos en el gran teatro del mundo.
¿O fue Dios?
Fue adiós.
Y eso es lo que duele.
P.D. Esto que escrito igual es malo. Pero es bueno.
P.D. 2. Mi habitación, de La Habitación Roja, porque es sarna con gusto.
P.D.3. Mañana será otro día. La foto es del niño gordito de Up, que se esforzaba en subir por la cuerda. No recuerdo si al final conseguía llegar arriba, pero supongamos que sí. Llegar es la idea.