lunes, 27 de septiembre de 2010

Face books (libros por la cara)


Ya tengo en la mochila el lote de libros para arrancar el curso. Aunque los que más me apetecen faltan aún por llegar, como Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay, que publica una de mis editoriales favoritas, Impedimenta. De hecho, a veces sueño con ser una adorable escritora de mediados del siglo XX para estar en su cartera de adorables escritoras de mediados del siglo XX. Creo que también influye cierta tendencia a imaginarme a mí mismo aporreando una vieja máquina de escribir en el porche de mi casa de Nueva Inglaterra mientras se hornean los pestiños. En fin.
De lo que hay, que no es muy allá, empecemos por lo fácil: para mitómanos y lectores vagos, Turner traduce el Desayuno con John Lennon de Robert Hilburn, un librito cotilla y rockero para quienes nunca estuvimos de cañas con Kurt Cobain y demás mártires pop. Entretenido.
Más y mejor: la editorial Papel de Liar publica Bestias, de Joyce Carol Oates, otra adorable autora aunque un poco volada. El libro engancha y a esta mujer no sé si le darán algún día el Nobel, pero los rumores apuntan a que Santiago Roncagliolo, traductor del original, se va a llevar el Planeta. Le envidiaré aún más si esto ocurre. Y que conste que se merece que le unten con el pucherazo editorial más cuantioso de nuestro panorama: escribe como dios (con minúscula "dios" de momento) y quien no quiera el Planeta (600.000 euros del ala) es que es tonto. Por último, y otro día sigo con más, acabo de coger con enorme desgana las Suites Imperiales de Bret Easton Ellis (Mondadori) y, francamente, me aburre su empeño por contar vidas de yuppies, bo-bos y demás faunas urbanitas. Para biblias generacionales me quedo con la brillante J-Pod, de Douglas Coupland (El Aleph).
Y que nadie me hable de los libros que van sobre Facebook. Están saliendo como setas. Paso.

P.D.: Otra para mitómanos: Seix Barral publica en octubre los Fragmentos de Marilyn Monroe, textos inéditos de la actriz que demuestran lo inteligente y genial que era más allá de unas mechas perfectas. Por cierto, todo lo que incluye el libro (fotos también) pertenece al legado de la viuda de Lee Strasberg, el creador del Actors Studio. Nada menos.

P.D. 2: Quiero leer ya mismo dos libros de Ediciones Escalera: La habitación, de Hulbert Selby Jr., y Pic, de Jack Kerouac, el escritor con el que comparto gato y mirada penetrante. Nada más que eso pero algo es algo.

P.D. 3: Pongo una foto de Serpico porque me da la gana y porque la voy a ver luego, aunque no tenga nada que ver con el post. Y la cara de Al Pacino siempre da nivel. ¿O no?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ahora sí, es otoño


Ayer fue el día de sacar la colcha (la fina todavía) y bajar del todo la persiana. Hacía fresco en el patio de luces al fin. Me gusta el otoño porque activa mi Mr. Hyde ermitaño. Un alter ego que escribe, lee y se marca objetivos más allá de tomar un aluvión de cañas en la terraza de la esquina. Ya no hay excusa porque no hace calor así que comienza el curso. Se acabó la playa que no pisé, se acabaron las chanclas y se acabó el dejar las cosas para septiembre. Ya es septiembre.
Para celebrarlo, el domingo leí Contra la hipermetropía (Debate), una selección de artículos de Fernando León de Aranoa. Me ha pasado lo mismo con este libro que con el disco Viaje alrededor de Carlos Berlanga: tiene momentos brillantes y otros fácilmente olvidables. Genial el artículo que León dedica a su amigo Javier Bardem, por cierto.
Vayamos al disco: geniales Los Planetas, La Casa Azul, La Bien Querida y Bebe. Lo demás regular. Incluso mal. Fatal. Una pena. Podían haber incluido las Noches entre rejas de Dar Ful Ful, que me gusta casi más que la original. Os pongo la de Berlanga en plan homenaje. Aquí

P.D.: He escrito el post entre miles de llamadas y caos generalizado. Así no se puede. Lo siento.
P.D.: De nuevo, Calvin&Hobbes, esta vez en una foto tomada en un día otoñal. Me habría gustado conocerles en persona.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El paso cambiado


Los cambios son buenos. No lo sé. En una semana ha cambiado todo. Mientras esto ocurría, escuché que los bloggers son/somos unos egocéntricos. Yo ya era egocéntrico antes de tener un blog. Es más, hasta el otro día tenía dos blogs, con lo cual era el doble de egocéntrico. Ahora, dinero obliga, sólo me queda este reducto para desahogar inquietudes de las que no dan de comer. Y seguiré haciéndolo porque no molesto a nadie. ¿Molesto? Pues doble clic.
Los cambios son buenos, decíamos. No lo sé. Tengo que hacer cálculos y luego decidiré si suscribo la frase. Maldito parné.
Esta mañana iba leyendo En el punto de mira, de Arthur Miller (Tusquets) y, a la vuelta, de repente vi entre mis manos La ley de la atracción, un libro de autoayuda facilona en el que, supongo, pretendía encontrar la llave del éxito. Mal vamos.
Por lo demás bien.

P.D.: Me ha dado por escuchar esta canción todo el rato. Me sube el ánimo. Os recomiendo la película, por cierto. Una de las mejores que he visto este año.
P.D.2: La imagen es de la peli. (Donde viven los monstruos, de Spike Jonze). La moraleja podría ser: "Disfrutar entre monstruos es posible... si aprendes a esquivar sus patadas". Con el paso cambiado, en fin.

martes, 31 de agosto de 2010

Operación retorno (sin haberme ido)


Cosas que quiero hacer este curso. O mejor dicho: cosas que quiero que me pasen este curso. Feliz incorporación a la rutina para aquellos que volvéis del tostadero. Feliz rutina sin más para quienes siguen en el día de la marmota, como el menda.

1. Publicar mi libro: planté un árbol cuando era pequeño, no tengo hijos pero sí un gato en custodia compartida que me desvela casi todas las noches y ahora he escrito un libro que quiero que lea todo el mundo en formato bolsillo. Aunque sea. Si algún cazatalentos o similar pasa por aquí, que me llame. Gracias.

2. Desayunar en la terraza de casa: no suelo desayunar, pero prometo hacerlo si logro encontrar un apartamento con azotea soleada y vistas al cielo. Lo necesito. Lo necesitamos.

3. Trabajar sólo en lo que me gusta: el dinero no da la felicidad, cada día lo tengo más claro. Lo malo es que da de comer, por eso ando siempre luchando entre dos fuegos. De momento va la cosa bien. Sólo necesito que en un par de trabajos de los múltiples que realizo se animen a pagarme. Porque gratis ya no.

4. Sentarme a escribir: si la primera novela no gusta tendré que inventarme otra. Y dejarme de tanto ego. Digo yo.

5. Leer mucho: eso ya lo hago, pero más. No logro abarcar tanta literatura y eso me enferma.

6. Ver series: Modern family, Glee, la nueva de Scorsese, Mad Men... La lista es interminable y se me acumula el trabajo.Me pondré a ello.

7. Decidir de una vez qué peinado me queda bien: ahora me gusta llevar la cabeza afeitada, pero dudo si dejarlo crecer y recuperar el look de la pasada temporada, quizá más acorde con mis pretensiones literarias. La frivolidad me arrastra, lo sé.

8. Dejar de elaborar listas: mis blogs no son más que decálogos sin ton ni son que me sirven de hilo conductor facilón y apenas provocan reacciones entre el escaso público. O paro de una vez o me rindo a la evidencia y publico un libro sobre el asunto. Igual hasta funciona.

9. No faltar a clase: a pesar de que ayer no llegué a mi cita con el Ashtanga Yoga, que me tiene loco. La culpa la tuvieron los de Carrefour. Olvidaron traerme la bolsa de los congelados y me obligaron a hacer novillos. Me sentó fatal. No volverá a ocurrir.

10. Dejar de fumar: esta vez sí. O no. Lo intentaré de nuevo al menos. Uf. Siempre la misma historia.

P.D.: La foto es del primer libro que me voy a leer, El exterminador hizo bien su trabajo. Juicio contra William Burroughs (Ed. La Felguera). También caerá Vercoquin y el plancton, de Boris Vian (Impedimenta).
P.D.2: Ahora estoy con Mujeres lo bastante ricas, de Honoré de Balzac (Periférica). Genial. Os lo recomiendo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Más madera: Oye, lee y ya van 1.000


Al final, este agosto que se aventuraba tan plomizo lo está siendo más o menos, pero el tedio me ha servido para devorar unos cuantos libros y descubrir nuevas músicas, casi como en aquellos años en los que sólo me dedicaba a eso, a luchar por ser el primero en saberlo todo. Craso error, por cierto: sudes lo que sudes, siempre hay alguien que se te adelanta en la escalera hacia el oráculo.
1. Creo que ya hablé aquí de Cold Spring Harbour, de Richard Yates (RBA), pero vuelvo a hacerlo porque me reafirmo en su excelencia. Brutal. También recomiendo Caín, de Saramago (Alfaguara), a quien tenía olvidado hasta que su muerte lo empujó de nuevo a la primera fila de la estantería. Es raro y pierde fuelle según pasas las páginas, pero descoloca y provoca sonrisas, que no está mal. Lo mismo con Formas del amor, de David Garnett, publicado en una de mis editoriales favoritas, Periférica: un poco folletinesco, ok, pero agradable si buscas soñar con un tierno verano de lujurias y azoteas.
Casi se me olvida: entre medias cayó en mis manos La contadora de películas, una pequeña gran joya de Hernán Rivera (Alfaguara) que me ha fascinado. Y que, de nuevo, me ha dado confianza en lo bien que pueden funcionar las novelitas breves, como la que he escrito yo (200 páginas a doble espacio por una cara), que sigue sin encuadernación a la espera de nuevo aviso. (Por favor, que me digan algo YA).

2. Con la música me pasa que en los (largos) ratos de sopor laboral me ha dado por recuperar viejas costumbres y ahora acabo de empaparme de decadencia pop con La Bien Querida. Sé que tenía que haberlo hecho el año pasado, pero ya digo que se me pasó el arroz para mantener ciertas rutinas. Nunca es tarde. Por lo demás, soy "neofan" de Autokratz (Always Love es un temazo y yo sin saberlo), de Northern Portrait, de poder entrevistar la próxima semana a Isobel Campbell (todo lo que canta me en-canta), del último de Charlotte Gainsbourg que robé ayer (IRM se llama) ) y tengo pendiente de que me guste (o no) el de Coque Malla, robado ayer también. Y si robo es porque yo prefiero los cd's originales. Soy un romántico, ya.
Entre esto y el ashtanga-yoga, que despierta mi mente y desencaja mi cuerpo tres días a la semana, se me pasan los días un poco más volando; un poco menos reptando. Ahora ya sólo queda que llegue septiembre y podamos agitar las mentes sin temor a que se caliente la cerveza. Otra, por favor.

P.D.: Ya lo digo yo. He escrito un post facilón y recurrente para celebrar que ya llevo 1.000 visitas.
P.D.2: ¿Cómo se hace para tener un millón de seguidores, casi tantos como amigos en Facebook? Sospecho que esto no tiene tanto tirón como el cotilleo globalizado en la era 2.0. Ni de coña.
P.D.3: La de la foto es Isobel Campbell, que acaba de publicar Hawk junto a Mark Lanegan. Va en el coche porque ha quedado conmigo.

jueves, 29 de julio de 2010

Fahrenheit 451


Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arden los libros según nos contó Ray Bradbury en una de las mejores novelas del siglo XX. Pues bien, mis estanterías hoy están a punto de entrar en combustión. El fuego de la calle me lleva a imaginar cómo lo estarán pasando los personajes que pululan por aquí, estrujados entre las páginas y sin resquicios por donde respirar. Veo a la Pobre gente de Dostoievsky, a la Balada de gamberros de Umbral, al Iván Petrovich de Pushkin, a los tipos raros de Millás, a Luis Goytisolo contando sus Cosas que pasan... y me dan ganas de meterlos en la ducha. No lo haré porque los libros ni se prestan ni se mojan. Me conformo con dar una lista rápida de recomendaciones para leer en la piscina, bajo la sombra de un árbol o en la parada de autobús. Feliz ola de calor.

-El lobo, de Joseph Smith: si te gustan los documentales de animales de La 2 con esto vas a alucinar. Una joya.
-Cold Spring Harbor, de Richard Yates: un melodrama tan cinematográfico que desde la primera página te dan ganas de largarte a Hollywood y dirigirlo tú mismo.
-Autorretrato, de Edouard Levé: biografía suicida no apta para quienes necesitan tomar resuello incluso cuando leen en la intimidad.
-Grandes esperanzas, de Charles Dickens: porque si quieres volver a los clásicos lo mejor es empezar por Dickens, creo yo.
-Mosquitos, de William Faulkner: para entender, si acaso merece la pena hacerlo, de dónde viene tanta devoción por la carnaza ajena.
-Jet Lag, de Santiago Roncagliolo: puede que no pase a la historia, pero se trata de un diario entretenido y este tipo escribe francamente bien (siento envidia, sí).
-El extranjero, de Albert Camus: si tuviera que hacer una lista de los mejores libros estivales, éste aparecería el primero. Sería algo así como el Georgie Dann (con perdón) de la narrativa.
-Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain: la evolución de las especies, de la nuestra al menos, contada por un genio con el que me habría encantado irme de cañas.
-Largo viaje hacia la noche, de Eugene O'Neill: el padre del teatro americano se marca una obra maestra con esta catarsis de demonios familiares. Olvidarás hasta el calor que hace.
-El bello verano, de Cesare Pavese: la recuerdo como una novelita iniciática, algo así como El Camino, de Miguel Delibes, pero de inferior calidad. Su título te lleva en bicicleta a las vacaciones de la infancia y por eso, aferrado a la nostalgia, la incluyo.

P.D.: Se admiten opiniones y otras propuestas. Se admite que escriba alguien, en fin.
P.D.2: Ojalá los poderes de los hados se conjuguen y muy pronto pueda colar mi novela en alguna de estas listas en plan autobombo. Os mantendré informados.
P.D.3: Los de la foto son Julie Christie y François Truffaut durante el rodaje de Fahrenheit 451, mi película favorita.

sábado, 17 de julio de 2010

Música para que los tipos duros no bailen


Me he levantado y he puesto Vampire Weekend en Spotify. A falta de FIB bueno es el ADSL. Me veo en la obligación (extraña) de renovar contenidos en este blog en el que (casi) nadie opina pero que alguien leerá, supongo. Porque es cierto que yo entro a menudo a contemplar mi obra, pero setecientas y pico visitas me parecen excesivas incluso para mi ego desorbitado.
Desde que me he enganchado al WordMole de la Blackberry apenas leo, sólo busco palabras largas para completar pantallas (un truco para adictos: "triángulos" casi siempre está). Tengo a medias Los tipos duros no bailan, de Norman Mailer en una edición que en el metro deja a la gente paralizada: está encuadernado del revés, con lo cual parece que se me ha ido la pinza o que estoy haciendo como que leo pero no. El libro está muy bien, pero a las siete de la mañana me despierta más el WordMole. No me preocupa, es sólo una etapa que agotaré en cuanto ahorre para la moto.
Ya he quitado Vampire Weekend para escuchar lo último que más me gusta: Northern Portrait, que son como los Smiths hasta el punto de que a lo lejos podrías creer que es Morrisey tras una operación de nódulos.
No sé si me apetece piscina. Setecientos y pico largos, uno por cada entrada a este blog, le vendrían perfecto a mi zona abdominal.
Siento que en verano no hay nada de qué hablar, que sólo se puede beber horchata y caminar cuando cae el sol. Pero estoy preparando ya los avances de otoño y la cosa promete. He encontrado un par de editoriales que lanzarán un puñado de libros fenomenales para esquivar el tedio. Y con suerte también saldrá el mío. Crucemos los dedos.

P.D. Ahora lo que se lleva es decir que no viste el partido. Parece que he marcado tendencia, mira.
P.D. 2. La asociación de ideas me ha llevado de los tipos que no bailan de Norman Mailer a El color de tus ojos al bailar, de Aviador Dro. La canción del verano. De cualquier verano. Aquí la podéis escuchar
P.D. 3. La foto es de Norman Mailer, cuando publicó en Life un reportaje sobre la llegad a la luna que ahora venden en el Vips en formato libro. Muy aconsejable, por cierto.