martes, 10 de mayo de 2011

Qué suerte


Qué suerte tienes.
¿Tengo?
Ups.
Ni la había visto.

Suerte o muerte.
No lo entiendo.
"Te he hecho un favor".
Ja: así es peor.

Peor para quién.
Peor para mí.
Tengo suerte y veo muerte.
Anda, calla.

Ando y callo: ese es el problema.

Ahora llega el jaleo,
la alegría aquí firmante.
Molas molas molas.
Molo molo molo.
Me inmolo.

Bah.
Ya llorará.
Ya llora.
Ya lloro.

O lloramos todos o la puta al río.
La puta es fea, que se ahogue.
Sabrá nadar: es un pez.
Sí. Un besugo.

Molo molo molo.
Sí, tú di lo que quieras, pero...
...una vez más, nadie te echa de menos.


P.D. Ya no sé si escribo o espanto.
P.D. 2. La convulsión sigue. Esto es como engancharse al diazepán. Sirve cuando lo cuentas. Por eso lo cuento.
P.D.3. Nos vemos en la Feria del Libro. Allí estaré. Y, con un poco de suerte, hasta seré.
P.D.4. La foto es del besugo. Recién pescado.

lunes, 2 de mayo de 2011

Dar una vuelta. Darle la vuelta


Te pueden romper la vida.
Te pueden romper el alma.
Te pueden romper el colchón.
Pero que no te digan lo que no.
No era uno, eran más.
Todos menos yo.
Cualquiera vale ahora menos yo.
Menos tú.
Vaya, no sabía.
No hay más que hablar.
No hay más que amar.
Ha resultado la mejor manera.
Punto y aparte.

Un horror lo tiene cualquiera.
Eso no lo queríamos para ti.
Eso no.
Eso sí.
Eso no.
Sí y no.
Ahora comienza el viaje.
Hay turbulencias (muchas) pero al menos hemos despegado.
Las azafatas sirven aperitivos salados.
Qué salados. Qué saladas (las azafatas).
Si pides algo te hacen caso.
Y te lo ponen (aunque no te pongan).
Habría querido otro final.
Habría querido hasta el final.
Lo sabéis - lo sabe - lo sé.
Ya no hay vuelta atrás.
¿Quieres dar una vuelta?
Sí, quiero.


P.D. La idea es cambiar de idea. Lo que no sabemos es cuál.
P.D. 2. Chicago, de Sufjan Stevens, es la canción. Porque suena a a carreteras secundarias y a los viajes que nos quedan. El casco será el mismo, pero el depósito siempre estará lleno. A reventar de gasolina.
P.D.3. Cuando el nudo (del estómago) se deshace, resulta que vomitas. Unas quince veces por lo menos, depende del caso. Nos quedan catorce y ya acabamos.

lunes, 25 de abril de 2011

Estaba claro que no


Estaba claro que no.
Estaba oscuro.
No pudo ser.
Ni Atticus (que era un gato) ni ático (que era un sueño).
De nada sirve pensar. Porque pensar agota y no adelgaza. Sólo el cerebro. Y algunos vivimos de pensar, supongo.
No le des más vueltas.
Las canciones son infernales de repente, sobre todo tres de La Habitación Roja que taladran el alma en bucle.
Te quiero.
Mi habitación
¿Y?
Así se llaman las canciones que digo y las tres deberían estar prohibidas. La censura en los tiempos del cólera.
No es cólera, me he equivocado.
No es ira, me he adelantado.
Es Shakespeare, que se inventó tragedias para que luego las claváramos en el gran teatro del mundo.
¿O fue Dios?
Fue adiós.
Y eso es lo que duele.

P.D. Esto que escrito igual es malo. Pero es bueno.
P.D. 2. Mi habitación, de La Habitación Roja, porque es sarna con gusto.
P.D.3. Mañana será otro día. La foto es del niño gordito de Up, que se esforzaba en subir por la cuerda. No recuerdo si al final conseguía llegar arriba, pero supongamos que sí. Llegar es la idea.

lunes, 18 de abril de 2011

Atticus Finch


Más negro, imposible. La lengua rosa y los ojos verde chillón (verde maullón). Como un quinqui con ganas de guerra.
No es un gato, es una ironía con patas. Porque llamarse Atticus Finch siendo tan zaino (y tan poco parecido a Gregory Peck) suena a non-fiction chiste.
En "Matar a un ruiseñor", la novela fetén de Harper Lee, el bueno de Atticus es un abogado súper héroe que lucha contra el racismo y la desigualdad social. Mi gato también lucha. De momento, por subirse al sofá sin caer de panza al suelo, por mear y no echar gota (fuera) y por acostumbrarse a la soledad (su dueño lo lleva peor).
Lo confieso: no hay fin de semana ya sin montaña rusa de emociones.
Mal-bien-mal-bien-mal-bien.
Los lunes siempre bien. Hoy, 18 de abril, mejor que bien.
El mal se aleja, parece. Haciendo fú como el gato.

P.D. Dicen que los gatos negros dan muy buena suerte. Y que quien piensa lo contrario siempre toca madera. Pero lo que toca tocar ahora (toc-toc) es la vida. Mordiscos.
P.D.2. Somos unos animales.
P.D.3. La foto es de "Matar a un ruiseñor", claro. (1962).
P.D.4. La canción de hoy debería ser (y es) de Cat Power. Aquella que salía en My Blueberry Nights y nos puso los pelos de punta. Según los últimos estudios, el amor sabe a tarta de arándanos.

jueves, 7 de abril de 2011

Al mal tiempo...


Podría escribir una oda al mal tiempo. Una elegía si acaso. Pero las plañideras se le daban mejor a Lorca y yo tiro más a la sonrisa obtusa del querido Twain. No digo nada nuevo. Tampoco comparación ni símil, sino recurso facilón cuando no sabes qué contar y crees que ya toca actualizar el escaparate. Este.

Retrocedamos en el tiempo, a pesar de que no deberíamos: desde que me metí en la cama para emular al bigotes de Missouri, hace un mes o más (una vida)... apenas si he salido.

En cuerpo un poco. Pero en alma nada.

Hasta hoy: al haber tenido insomnio (la ojera total, la desesperación) me he no-despertado y no he parado quieto hasta encontrar el alma, alma de cántaro, en el fondo del edredón. Estaba ahí escondida, ahí donde viven los monstruos, como si quisiera acurrucarse junto al gato que no hay. Me la he puesto debajo del cuerpo y me queda genial porque he adelgazado (no dormir fulmina kilos).

Y aquí estoy, en cuerpo y alma.

No quiero saber más de quienes no quieran saber más.

...buena cara

P.D. La banda sonora hoy sólo podía sonar así: GOOD FOR MY SOUL. The Jesus & Mary Chain vuelven a casa.

P.D.2. La foto es, una vez más, de "Where the wild things are". Porque ahora lo entiendo todo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La inmortalidad (o cómo encontré a Mark Twain en Facebook)


La vez que vi una foto de Mark Twain escribiendo en la cama decidí que en tal gesto se encontraba la clave de la inmortalidad: en esperarla tumbado.

Desde entonces no hay quien me saque del pikolín: donde antes sólo dormía, soñaba y (a veces) hasta sacudía las gónadas, ahora escribo, ingiero líquidos y envío solicitudes de amistad. Fumar no fumo porque leí que un día alguien ardió entre las sábanas, calada va, calada viene, víctima de una combustión veloz azuzada por las plumas de dodo transgénico del edre(do)dón de Ikea.

Y eso no es nada inmortal. Más bien mortal. Más mal.

Aunque de momento no he notado ningún síntoma de vida eterna, sí me han crecido los bigotes (como a Twain) he escrito un libro (como Twain no, peor) y he descubierto que en Facebook hasta Twain puede ser tu amigo (aunque él nunca actualiza su estado porque su estado ya se sabe).

Aquí os espero poniendo un huevo.

Me dio la tos y puse dos.

Lo último es de Gloria Fuertes pero el resto es mío.

P.D. Artículo publicado en EL DODO, revista literaria digital de sátira y cultura por amor al arte.

sábado, 5 de marzo de 2011

Virginia


Un fallo técnico precipitó el coma. La clínica se quedó sin red eléctrica justo cuando tres monjas se disponían a bajarla al quirófano. Era una operación de esas que llaman domésticas. Riesgo mínimo.
Pasado un rato, apenas unos minutos, volvió la luz y las poleas del ascensor retomaron su cadencia. Pero ya nada se podía hacer. Comenzaba así una nueva etapa en la vida de Virginia. Un acta de defunción fue suficiente para zanjar el asunto sin levantar sospechas.

Las monjas dirigían uno de esos hospitales en los que las mujeres de los futbolistas se ponían tetas como balones y las viejas glorias la piel tersa cual tambor. Crucifijos en las habitaciones, silencio sepulcral y hermanitas cabizbajas empujando carros repletos de prótesis mamarias. Virginia fue para ellas su mejor conejillo de indias: un bello y joven vegetal siempre dispuesto a probar los revolucionarios avances de la cirugía. Un monstruo.

(La historia es real).