lunes, 6 de diciembre de 2010

Hoy titula Dickens


La felicidad no es hacer lo que quieres, sino querer lo que haces. Y en esas estamos, siguiendo a Sartre, que era bisojo y tenía mirada de lince para bucear en nuestros quehaceres internos. Suyas leí el año pasado Las palabras (Ed. Losada) y enseguida las coloqué en el top ten de lecturas favoritas.
Prometí que actualizaría este blog para quien quisiera leerlo a pesar de que ahora tengo otro no sé si tan molón pero sí repleto de comentarios (no es ira, es percepción). Podéis verlo aquí y entreteneros un rato hoy que llueve.
Por cierto, recomendaciones literarias para no mojarse:
-La declaración de Georges Silverman, de Charles Dickens. La editorial Periférica ha lanzado una nueva colección ilustrada (en este caso, los geniales dibujos son de Ricardo Cavolo) y lo ha hecho con uno de mis autores favoritos. El cuento es bestial, tan poliédrico que deberé leerlo varias veces para indagar en sus posibles interpretaciones. Los personajes son auténticos arquetipos de las diferentes caras de la miseria humana, una bestialidad. Lo recomiendo con fervor.
-El apocalipsis de los trabajadores, de Valter Hugo Mae (Ed. Alpha Decay). Me llamaba la atención este portugués, considerado en su país "the next best thing", como dicen los yankees. Valter no utiliza mayúsculas jamás, lo que provoca que sus textos parezcan torrentes de palabras imposibles de frenar. Eso me gusta, aunque al principio puede atascar la lectura. Por lo demás, retablo irónico de la sociedad que, de momento, me está dando tralla.
-Pasado compuesto, de François-Marie Banier (Ed. Libros del Silencio). Siempre me han interesado las historias de la sociedad francesa hija de la Segunda Guerra Mundial. Como buen narcisista cultural y aspirante a oráculo de la nueva era, desde muy pronto me apunté al club de fans de la nouvelle vague, y de eso va un poco el libro. Cinefilia literaria porque la historia de esta familia burguesa contada por Banier (actor, guionista y sobre todo fotógrafo) tiene mucho que ver con las pelis de Rohmer y la obra del gran Cocteau.

P.D. La música para acompañar todo esto, de Badly Drawn Boy. Uno de mis favoritos últimamente. Escucha Too Many Miracles
P.D.2. La foto es de Anna Karina cortando el rollo en Pierrot le Fou. Alegoría de eso, de que corto el rollo. Feliz puente.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La nueva ola (de frío)


Hace frío ahí fuera, pero ayer logré aplacarlo y entrar en calor (en mucho calor) a golpe de multitudes rockeras. Tocaba concierto de Loquillo y, una vez más, descubrí que me gusta más que otros a los que luego pincho en Spotify con cierta inercia pop. Bailé las que no me sabía, tarareé las que me sonaban y me reventé la garganta cuando el gran Sabino Méndez salió a escena e intentó soltar un discurso de los suyos entre aplausos y jaleos. Por cierto, Sabino también escribe libros tan brilantes como Hotel Tierra (Ed. Anagrama).
Con Loquillo me pasa que me vuelven las ganas adolescentes de ser una rock and roll star. Genio, tupé y figura de casi dos metros, el tío va y llena el escenario con ese ego desmedido que solo (ahora solo va sin tilde) poseen ciertos elegidos. Desde abajo, yo hacía lo que podía mientras la mejor corista que jamás habría soñado una banda de rock me anunciaba su próxima boda. Juntos nos reímos al comprobar que antes sólo bailábamos y que ahora nos enamoramos, nos casamos y nos vamos pronto a casa. La madurez también debe ser eso. Nada que objetar.

Otra cosa: la cuenta atrás para mi nueva aventura bloggera ha comenzado, pronto lo descubriréis, pero lucharé contra la pereza y mantendré este pequeño rincón de desahogos porque hasta le he cogido cariño.

P.D. Recomendaciones literarias para un día polar: genial hasta lo indecible es el libro Por partes, del finlandés Kari Hotakainen (Ed. Meettok), en el que un escritor vacío de ideas contrata los servicios de una tendera de lanas de 80 años para que le cuente su vida. De sus alucinantes encuentros con la peculiar señora nace una novela que no siempre se ajusta a la realidad prevista...
Lo siguiente que tengo entre manos me llegó hace unos días de Periférica: El jardín, de Constance Fenimore, y La declaración de George Silverman, de Charles Dickens. Empezaré por Dickens, sin duda. Dos relatos ilustrados que inauguran una nueva colección de la editorial y que tienen una pinta más que estupenda.
P.D.2. Howe Gelb & A Band of Gypsies me gusta como banda sonora rara para acabar el mes. Fusión de "americana" y flamenco a manos del ex Giant Sand y Raimundo Amador. No se puede pedir más.
P.D.3. La foto es de The Ice Storm, peliculón de Ang Lee que viene al pelo con este frío.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Ya era hora


Podría decir mil excusas y ninguna sería cierta. Si no he actualizado el blog en estas tres semanas es por vagancia pura. Y dura. En tanto, he trabajado por dinero, que siempre se me da mejor que hacerlo gratis, y he firmado un nuevo plan de ataque a través de la web del que pronto tendréis noticias. Todo sea con tal del maldito libro, ése que nunca sale.
También he leído.
-Vidas escritas, de Javier Marías (DeBolsillo): Lo encontré dentro de una caja olvidada en un altillo y lo devoré con curiosidad malsana. La curiosidad mató al gato, pero mi gato sigue vive y no hace más que olisquear donde no debe. El libro va de biografías de escritores, así que ahora puedo contar chascarrillos coprófilos sobre James Joyce para animar veladas. De aquí a bufón, un paso.
-Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño (Anagrama): debería haberlo leído hace mucho, lo sé. Escribe como Dios, eso ya no hace falta recordarlo. Cada relato es más genial que el anterior. Además, en el primero me sentí identificado porque a veces el ego se me dispara sin querer.
-Mal trago, de Tennessee Williams (Errata Naturae): decepción y morbo a partes iguales. Como dramaturgo no hay quien le tosa, pero sus relatos se me hacen cuesta arriba. Demasiada descripción vacua para llegar al mismo punto que en la mayoría de su obra: sexo, tragedia y sudor americano.
-El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, de Patricio Pron (Mondadori): intuía que me iba a gustar y acerté. Todavía no lo he terminado, así que seguiré informando más adelante.
Para el final he dejado a Richard Yates, porque sospecho que sus Once maneras de sentirse solo (RBA) me dejarán tan flipado como el resto de su obra. Yo lo que quiero es vivir en Staten Island y comer apple crumble sin parar frente a la bahía de Manhattan. Menuda película.

P.D.: No sé cómo lo haré a partir de ahora, pero prometo mantener con vida este pequeño rincón catártico con el que tanto disfruto.
P.D.2: Ayer me dio por Simon & Garfunkel, el mejor recuerdo musical de mi infancia. Sigo pensando que I am a rock es un temazo. Aquí
P.D.3.: La foto es de Paul Simon y Art Garfunkel. Mirando atrás.

sábado, 9 de octubre de 2010

No he leído (casi) nada de Vargas Llosa


Sólo La tía Julia y el escribidor, pero hace tanto que ni me acuerdo. Se admiten insultos.
El año pasado me doblé de risa cuando le dieron el Nobel a Herta Müller y los opinadores culturales (esos a los que se suele llamar previo pago para que se tiren el pisto en los suplementos literarios), disimulaban fatal que de tal señora ni el color del tinte sabían. Ahora que la Academia Sueca ha premiado a un señor que vende libros como churros me callo la boca porque todos lo han leído y yo no. Lo reconozco Me da una pereza inmensa. No me interesan sus historias. No me enganchan. Comencé La ciudad y los perros y no hubo manera. El de la tía Julia me entretuvo más, quizá por el morbo de lo autobiográfico. No sé, no me acuerdo mucho así que prefiero no explayarme, no vaya a liarla.
García Márquez, su enemigo íntimo, con el que por fin ha quedado en tablas, tampoco me apasiona, pero al menos he leído unas cuantas novelas suyas. Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre es una pequeña historia de título kilométrico que leí cuando todavía no me tocaba, por eso la recuerdo bien.
Quizá esta Navidad siga a la masa y me compre algún best seller del Nobel en edición de lujo para adornar la estantería. Puede que Conversación en la Catedral, el segundo mejor de Vargas Llosa según los internautas. Fiabilidad total, vamos.
Yo prefería que hubieran ganado Cormac McCarthy o Haruki Murakami porque ahí sí que controlo. De los dos me quedo con el primero, aclaro. Pero controlo como casi cualquiera de mi generación, con lo cual no puntúa demasiado.
Mi problema, decía, es la literatura del llamado "boom" latinoamericano. No me gusta. Me parecen folletines. Ups.
Otra cosa es Cortazar, otra cosa es Bolaño, otra cosa es Borges, otra cosa es Rivera Letelier. Incluso Walsh y Fogwill. De ahora me enganchan Roncagliolo y Oloixarac, por decir dos, pero habrá que ver cómo crecen.
No es que prefiera a los españoles, insisto. Es que el "boom" me provoca un "zzzz".

P.D.: Enhorabuena a los premiados. Vargas Llosa escribe como dios, de eso no hay duda.
P.D. 2: Me gustaría que hubiera un poco más de debate aquí, que sólo me mojo yo. Para eso es un blog, dirán algunos. Y con razón.
P.D.3: La foto es de García Márquez con el ojo morado por el célebre puñetazo que le soltó Vargas Llosa en 1974. La pelea no tuvo que ver con diatribas literarias, sino con líos de faldas. A los grandes también les pica lo primario. Me gusta la imagen porque Gabo sonríe. Al fin y al cabo, él logró el Nobel mucho antes.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Face books (libros por la cara)


Ya tengo en la mochila el lote de libros para arrancar el curso. Aunque los que más me apetecen faltan aún por llegar, como Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay, que publica una de mis editoriales favoritas, Impedimenta. De hecho, a veces sueño con ser una adorable escritora de mediados del siglo XX para estar en su cartera de adorables escritoras de mediados del siglo XX. Creo que también influye cierta tendencia a imaginarme a mí mismo aporreando una vieja máquina de escribir en el porche de mi casa de Nueva Inglaterra mientras se hornean los pestiños. En fin.
De lo que hay, que no es muy allá, empecemos por lo fácil: para mitómanos y lectores vagos, Turner traduce el Desayuno con John Lennon de Robert Hilburn, un librito cotilla y rockero para quienes nunca estuvimos de cañas con Kurt Cobain y demás mártires pop. Entretenido.
Más y mejor: la editorial Papel de Liar publica Bestias, de Joyce Carol Oates, otra adorable autora aunque un poco volada. El libro engancha y a esta mujer no sé si le darán algún día el Nobel, pero los rumores apuntan a que Santiago Roncagliolo, traductor del original, se va a llevar el Planeta. Le envidiaré aún más si esto ocurre. Y que conste que se merece que le unten con el pucherazo editorial más cuantioso de nuestro panorama: escribe como dios (con minúscula "dios" de momento) y quien no quiera el Planeta (600.000 euros del ala) es que es tonto. Por último, y otro día sigo con más, acabo de coger con enorme desgana las Suites Imperiales de Bret Easton Ellis (Mondadori) y, francamente, me aburre su empeño por contar vidas de yuppies, bo-bos y demás faunas urbanitas. Para biblias generacionales me quedo con la brillante J-Pod, de Douglas Coupland (El Aleph).
Y que nadie me hable de los libros que van sobre Facebook. Están saliendo como setas. Paso.

P.D.: Otra para mitómanos: Seix Barral publica en octubre los Fragmentos de Marilyn Monroe, textos inéditos de la actriz que demuestran lo inteligente y genial que era más allá de unas mechas perfectas. Por cierto, todo lo que incluye el libro (fotos también) pertenece al legado de la viuda de Lee Strasberg, el creador del Actors Studio. Nada menos.

P.D. 2: Quiero leer ya mismo dos libros de Ediciones Escalera: La habitación, de Hulbert Selby Jr., y Pic, de Jack Kerouac, el escritor con el que comparto gato y mirada penetrante. Nada más que eso pero algo es algo.

P.D. 3: Pongo una foto de Serpico porque me da la gana y porque la voy a ver luego, aunque no tenga nada que ver con el post. Y la cara de Al Pacino siempre da nivel. ¿O no?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ahora sí, es otoño


Ayer fue el día de sacar la colcha (la fina todavía) y bajar del todo la persiana. Hacía fresco en el patio de luces al fin. Me gusta el otoño porque activa mi Mr. Hyde ermitaño. Un alter ego que escribe, lee y se marca objetivos más allá de tomar un aluvión de cañas en la terraza de la esquina. Ya no hay excusa porque no hace calor así que comienza el curso. Se acabó la playa que no pisé, se acabaron las chanclas y se acabó el dejar las cosas para septiembre. Ya es septiembre.
Para celebrarlo, el domingo leí Contra la hipermetropía (Debate), una selección de artículos de Fernando León de Aranoa. Me ha pasado lo mismo con este libro que con el disco Viaje alrededor de Carlos Berlanga: tiene momentos brillantes y otros fácilmente olvidables. Genial el artículo que León dedica a su amigo Javier Bardem, por cierto.
Vayamos al disco: geniales Los Planetas, La Casa Azul, La Bien Querida y Bebe. Lo demás regular. Incluso mal. Fatal. Una pena. Podían haber incluido las Noches entre rejas de Dar Ful Ful, que me gusta casi más que la original. Os pongo la de Berlanga en plan homenaje. Aquí

P.D.: He escrito el post entre miles de llamadas y caos generalizado. Así no se puede. Lo siento.
P.D.: De nuevo, Calvin&Hobbes, esta vez en una foto tomada en un día otoñal. Me habría gustado conocerles en persona.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El paso cambiado


Los cambios son buenos. No lo sé. En una semana ha cambiado todo. Mientras esto ocurría, escuché que los bloggers son/somos unos egocéntricos. Yo ya era egocéntrico antes de tener un blog. Es más, hasta el otro día tenía dos blogs, con lo cual era el doble de egocéntrico. Ahora, dinero obliga, sólo me queda este reducto para desahogar inquietudes de las que no dan de comer. Y seguiré haciéndolo porque no molesto a nadie. ¿Molesto? Pues doble clic.
Los cambios son buenos, decíamos. No lo sé. Tengo que hacer cálculos y luego decidiré si suscribo la frase. Maldito parné.
Esta mañana iba leyendo En el punto de mira, de Arthur Miller (Tusquets) y, a la vuelta, de repente vi entre mis manos La ley de la atracción, un libro de autoayuda facilona en el que, supongo, pretendía encontrar la llave del éxito. Mal vamos.
Por lo demás bien.

P.D.: Me ha dado por escuchar esta canción todo el rato. Me sube el ánimo. Os recomiendo la película, por cierto. Una de las mejores que he visto este año.
P.D.2: La imagen es de la peli. (Donde viven los monstruos, de Spike Jonze). La moraleja podría ser: "Disfrutar entre monstruos es posible... si aprendes a esquivar sus patadas". Con el paso cambiado, en fin.