
Apenas había amanecido cuando el teléfono comenzó a sonar. (Sin tregua). Incapaz de cogerlo, supuse que eran los del concurso radiofónico y que por fin me habían seleccionado para el sorteo del bogavante. Al despertarme, vi la llamada perdida. La oportunidad perdida.
La noche anterior no había cenado, así que imaginé que todo era fruto (fruto o marisco) de una pesadilla, a que quien hambre tiene con calderetas sueña. O que, de haber respondido, el animal estaría ahora esperándome para bailar un agarrado; las pinzas recién limadas y los ojillos negros como el azabache.
Al día siguiente, el teléfono volvió a la carga y lo cogí por si las moscas (moscas o marisco).
Desenlace: madrugón en balde. Un taller de electrodomésticos tuvo antes mi número y la gente aún llama cuando se le rompe la lavadora.
P.D. Nota para mitómanos: la historia es más o menos real.
P.D.2. Mi plato favorito es el arroz con bogavante, creo.